Jimmy

Es curioso cómo algunos meses pasan en un suspiro y no dejan huella alguna, mientras que en otros tu vida da un vuelco siete veces. Este ha sido uno de esos meses especialmente intensos para mí. En pocos días enterré a un ser querido en Milwaukee, pude abrazar una vez más a Sami Yaffa en NYC y le escuché llamándome “pendejo” con esa simpatía suya tan contagiosa, tuve el tremendo privilegio de cenar con una pareja que salvó la vida por puro milagro aquel terrible 11 de Septiembre, mientras las torres caían literalmente sobre sus cabezas, e infinidad de experiencias más que no voy a detallar aquí.
La noche más conmovedora de este mes la viví en Milwaukee. Acabábamos de enterrar a Bobby. Después de la ceremonia, el día se había venido abajo por completo y decidimos ir al bar/restaurante/disco favorito de Bobby, con la esperanza de encontrar a los dueños, una familia que había sentido su muerte tanto como nosotros. Bobby prácticamente vivía allí. Cada vez que entraba en el local, era “the life of the party”. Allí charlaba sobre sus últimas apuestas (una de las actividades primordiales en el día a día de Bobby) y seducía a todos con su carisma personal.
Enseguida vimos a Jimmy, el hijo del dueño. Sólo he coincidido tres veces en mi vida con este gran tipo, pero en la segunda ocasión, cuando visité su local el pasado mes de septiembre, dos años después de mi primer viaje a Milwaukee, Jimmy me reconoció inmediatamente y tras estrecharme la mano, dijo: “Es genial verte de nuevo por aquí!!!”. Detalles así desde luego convierten un viaje en algo especial.
Esta vez, sin embargo, el reencuentro se produjo en circunstancias mucho más dolorosas. Jimmy estaba sentado en la barra, como un cliente más, bebiendo y llorando. En el instante en que nos vio, se le iluminó el rostro y pidió unas cervezas para nosotros. Lo que vino a continuación ni siquiera voy a tratar de describirlo aquí, porque son cosas que hay que vivirlas para entenderlas, pero digamos que fue una de esas noches que no olvidas jamás. Pasamos alrededor de una hora charlando y bebiendo, y Jimmy comentó varias veces que simplemente no podía entender que Bobby ya no estuviese aquí.
Cuando Jimmy empezó a trabajar en el bar, era un novato sin experiencia y lo pasó mal. Algunos clientes habituales le trataban con desprecio, como a un niñato. Bobby, por el contrario, le dio confianza inmediatamente, y gracias en parte a él, Jimmy logró sentirse a gusto en un trabajo que no es nada fácil para quienes empiezan. Eso sucedió hace 40 años.
El dramatismo de nuestra conversación contrastaba con los momentos esperpénticos de la noche de karaoke que se vivía en el local en esos momentos. Alrededor de seis personas se intercambiaban turnos para darlo todo en la pista de baile. Cuando un pedazo de freak atómico decidió reescribir la historia del Rock y llevar “Whole Lotta Love” a otro nivel, Jimmy sonrió y dijo: “Mejor vámonos a otro sitio, no creo que pueda aguantar a este tipo mucho más tiempo”.
Y así fue como acabamos cenando en otro de los locales favoritos de Bobby a las dos de la madrugada. Cuando regresamos a nuestro hotel horas después, nos dimos cuenta de que un día de mierda había tenido un final absolutamente memorable. Habíamos despedido a Bobby como realmente merecía, brindando por él y recordando los buenos momentos.
Seguramente te lo habrán dicho muchas veces últimamente, pero para los que te hemos seguido desde hace décadas, nos sorprende gratamente ver cómo el paso del tiempo te ha cambiado. Es cierto que no puedes conocer a una persona simplemente por lo que lees de él en una revista (por muy personal que sea lo que escribe y por muchas revistas que sean a lo largo de los años), pero es evidente que ni la forma, ni algunos de los asuntos que a veces cuentas tienen mucho que ver con la enciclopedia humana que eras en el pasado. Ya no eres ese “cactus” que no evoluciona como alguien te reprochaba hace años, y eso se agradece. Quienes disfrutábamos antaño de tu sentido del humor, de tu conocimiento nerd del rock y sobre todo de tu pasión por el entretenimiento (entertainment si quieres), comprobamos ahora que sin perder el interés por todos esos temas, ni desde luego el sentido del humor, ahora eres capaz de hablar públicamente de más cosas, más reales, más humanas. Incluso de mostrar tu foto o hablar de tu vida personal sin tapujos. Imagino que habrán sido muchos factores los causantes, pero yo brindo por ello. Porque el Popu no ha dejado de ser divertido por eso, ni tampoco es que hayas cambiado de gustos o intereses. No es que te hayas converido en “adulto” de repente, como el típico sector gafapasta del correo. Simplemente te has vuelto más humano. Textos como el de esta entrada quizá te hagan perder “glamour” a cierto ojos, pero te hacen más cercano al lector. Brindo por eso.