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DiaWHEE! Marzo 2005

29 de Marzo 2005

-Pronto podréis disfrutar el nuevo número del Popu. Y nadie puede negar que el músico que preside nuestra portada este mes merece ese honor: nada menos que Warren Haynes, el mejor guitarrista del mundo en estos momentos. Esta misma semana, Gov’t Mule tocan en España por primera vez, y el Popu lo celebra como es debido. Sergio Martos se encargó de entrevistar a Warren, y además comenta toda su discografía.

En nuestra portada también aparece Billy Idol, uno de los pocos rockstars que nos quedan. Billy acaba de publicar su primer disco en doce años, “Devil’s Playground”, un álbum bastante recomendable en el que interviene también su mano derecha Steve Stevens. Semejante retorno bien merecía un extenso artículo. Mickey Ribera habló con el carismático rocker, entre otras cosas, sobre Ginger Lynn, Keith Moon, Axl Rose, el film “The Doors” y la escena Punk Rock británica de los 70’s.

Otro retorno importante es el de Nancy Sinatra, y con ella también ha charlado uno de nuestros redactores, J.L. Fernández. ¿Queréis saber lo que piensa Nancy Sinatra de la versión que hicieron Megadeth de su hit “These Boots Are Made For Walkin’”?, bien, pues echad un vistazo a la entrevista.

Además, Sergio Del Río interroga a una de las grandes bandas del momento, Supagroup, J.L. Fernández hace lo propio con otro grupo muy prometedor, The Steepwater Band, y Alberto Díaz habla de tres series televisivas que están causando furor en USA: “Lost”, “Desperate Housewives” y “Carnivale”.

En este Popu también podréis leer artículos sobre Corrosion Of Conformity, Cardiacs (entrevista y discografía completa comentada), The Muffs, The Dt’s, Joe Lynn Turner y Nikki Sudden.

Y la pequeña sorpresa del número es el retorno de la sección No Me Judas, Satanás. Sí, efectivamente, NMJ is back! Si exceptuamos un NMJ especial sobre Frances Farmer que escribí para el Popu de 30 aniversario, han pasado ya seis años (!!!) desde la desaparición de la sección. Increíble. El NMJ de Abril es bastante extenso, nada menos que 8 páginas llenas de excesos y anécdotas locas.

 

28 de Marzo 2005

-“Sins Of The City” es el título de uno de mis libros fotográficos favoritos de los últimos años. Se editó en 1999 (Ed. Chronicle Books) y muestra ese Los Angeles de cine negro que a todos nos atrae. Ese Los Angeles de la Black Dahlia, Bugsy Siegel, los films de gangsters, los libros de James Ellroy…

Jim Heimann se encargó de recopilar fotos de L.A. correspondientes al período que va de los años 20 hasta los 50’s. Imágenes de estrellas de cine, mafiosos, strippers, víctimas de asesinatos… Ahí tenemos a Lana Turner en compañía de su novio, el gangster Johnny Stompanato, que sería asesinado por la propia hija de Lana, Cheryl; Burt Lancaster preparándose para rodar una escena del film “Criss Cross”; el mafioso Mickey Cohen (novio de Liz Renay en aquella época) posando ante las cámaras tras salir ileso de un atentado; también podemos ver el cuerpo sin vida de la actriz Thelma Todd; fotos de Bugsy Siegel vivo y muerto… Y todo tipo de imágenes casuales de gente anónima: un tipo duro en el momento de ser tatuado, strippers bailando en el legendario Follies, etc.

Uno de los aspectos más interesantes de este libro es la oportunidad que te brinda de viajar a ese Los Angeles que queda ya tan lejano. Quienes hayais visitado la ciudad, seguro que disfrutaréis las viejas fotos que se incluyen de Sunset Strip o de Hollywood, por ejemplo. En el libro muestran además algunos de los locales más célebres de aquellos años: Hollywood Brown Derby, La Rue, Mocambo, Crillon y tantos otros lugares emblemáticos de una época.

Es un libro confeccionado con mucho gusto, sin excederse con el morbo sangriento, y ofreciendo distintos aspectos de la ciudad en sus días de máxima gloria. Una exquisitez.

 

26 de Marzo 2005

Es, con toda seguridad, la groupie más ridícula que he conocido. La llamaremos Caroline, para que nuestra protagonista no termine odiándome eternamente.

Entré en contacto con ella de la forma más absurda… ¡proponiéndole una entrevista! ¿Por qué se me pasó por la cabeza entrevistar precisamente a alguien que no tenía nada que decir?, eso mismo me pregunté yo cuando marqué su número de teléfono y me encontré con la persona más vacía de la tierra al otro lado de la línea. Pero, en fin, así suceden las cosas a veces, y la verdad es que ahora me alegro de haber tomado una decisión tan tonta, porque puedo decir que hoy en día soy fan de esta mujer. Sigo pensando que es estúpida, detesto su música, pero, hey, qué diablos!, alguien así es un regalo para la comedia, y estaréis de acuerdo conmigo en que el humor es importante en esta vida.

Caroline acababa de grabar un mediocrísimo disco, pero parecía divertida. Había leído algo sobre ella y pensé que quizá podría proporcionar un poco de entretenimiento a los lectores del Popu. Para mi gusto es un poco aburrido entrevistar sólo a extraordinarios músicos todo el tiempo, siempre me ha gustado que en el Popu tengan su espacio personajes como Mini-Kiss, Extreme Elvis, Captured By Robots!, Sigue Sigue Sputnik, Mortiis y compañía. Es una opinión que, por supuesto alguna gente no comparte conmigo, pero al fin y al cabo es su problema.

Bien, como decía, el disco de Caroline no me había impresionado, estaba claro que esta mujer no era la nueva Joan Jett, pero de todos modos sentía curiosidad por charlar con ella. Desafortunadamente, sólo tuve que escuchar una de sus respuestas para darme cuenta de que me había equivocado. En fin… no big deal, el mundo no se iba a hundir por eso. Fue una entrevista lamentable, Caroline no tenía gran cosa que decirle a la humanidad, y tan pronto como colgué el teléfono, la olvidé.

Sin embargo, semanas después tenía previsto viajar a L.A., y no me preguntéis por qué, pero fijé una cita con ella (!!!). Ya sabéis el valor que tiene el tiempo en un viaje de una semana o diez días; lo último que deseas es malgastar una mañana o una tarde de la manera más tonta. ¿Por qué, entonces, tuve que citarme con una tipa que carecía por completo de cerebro? Buena pregunta.

El caso es que quedamos en casa de una amiga, y desde el mismo instante en que la tuve ante mis ojos, lamenté haberme citado con ella. Subí a su coche, e inicié una sesión interminable de lo que los americanos llaman “small talk” (hablar sin decir nada de interés, simplemente para cubrir un tiempo muerto). Caroline hablaba, reía, preguntaba las mil y una tonterías, y yo rezaba para que el tiempo pasase rápido.

Teoricamente habíamos quedado para comer, pero Caroline me comentó que antes necesitaba pasar por su apartamento. OK, por mí estaba bien. Subimos a su casa y Caroline me sirvió una copa de vino. ¿Vino a la 1 del mediodía, antes de comer?, bueno, ¿por qué no?, al fin y al cabo así quizá lograría acostumbrarme a su compañía. De pronto mi encantadora amiga me mostró una cinta de video. Me dijo que era un proyecto artístico que había llevado a cabo recientemente. Sólo tuve que echar un vistazo a la funda del video, para decidir que no me convenía ver eso. En la carátula aparecía una foto de Caroline masturbándose.

El sexo casual está bien, pero… ¿sexo casual con Caroline? Ufff… eso suena muy mal. Se trata de la clase de mujer con la que jamás podría hacer nada; no es ningún adefesio y de hecho se considera muy atractiva, pero yo no veía nada deseable en ella. Y ni siquiera era halagador que hubiese decidido aparearse conmigo, porque no es necesario ser especialmente atractivo para que alguien como Caroline se fije en ti. Dejé el video a un lado del sofá, desvié la atención hacia una cinta de “This Is Spinal Tap” que presidía su estantería, y al cabo de cinco minutos ella me preguntó si no me apetecía ver el dichoso video arty. Y, sí, lo vimos. En el video aparecía Caroline masturbándose, con un montaje de imágenes supuestamente artísticas. La cinta finalizó y nos fuimos a comer. Fue una comida tediosa como pocas. Y sin embargo, pasé el resto del día con ella!

Poco a poco empezó a gustarme el personaje.

Caroline me hablaba de los tíos con los que se acostaba, de su mierdosa carrera pseudo folkie, de lo que le fascinaba L.A. (por supuesto, su visión de Hollywood no podría ser más banal, todo se reducía a ser una gran estrella, blah, blah, blah)… Volvimos a su casa y me mostró su ropero. El apartamento estaba dividido en dos partes, y una de ellas estaba dedicada por completo a la ropa. Y es que así pasa gran parte de su vida: cambiándose de trapitos, maquillándose, probándose zapatos… Ese día me juré a mí mismo que si algún día escribía un libro o un guión y necesitaba un personaje de groupie estúpida pero entrañable, me basaría al 100% en Caroline.

Tomamos vino, vimos una peli de los 50’s en la que aparecía una araña gigante destrozando una ciudad, y para culminar, Caroline hizo algo terrible: me cantó en primicia una de sus nefastas canciones folkies con su guitarra acústica, mirándome fijamente a los ojos! Eso sí que fue jodido, pero me mantuve firme, como un hombre.

Esa misma tarde, una vecina de Caroline le hizo una pequeña visita. Era una chica que tocaba con bandas locales, y a quien vería años después en directo en Barcelona tocando con uno de los grupos más prometedores de L.A. Me pasé todo ese concierto tratando de recordar dónde había visto ese rostro antes. Al finalizar la actuación, ella me preguntó extrañada si nos habíamos visto en alguna parte en el pasado: “Nunca olvido una cara, y estoy segura de que te conozco”, y en ese momento me vino a la cabeza la tarde que pasamos en casa de Caroline. Fue una escena muy cachonda, porque ni ella ni yo teníamos muy buena opinión de Caroline, y sin embargo los dos tratamos de medir nuestras palabras, hasta que nos dimos cuenta de que pensábamos lo mismo sobre esa encantadora criatura.

Pero volvamos a ese lejano día en compañía de nuestra heroína folkie favorita. Por la noche salimos juntos, y fue una cita de mierda, por supuesto. Vimos un show de Ryan Roxie, Eric Dover y Slim Jim Phantom en el Cat Club (por lo menos fue un gran concierto, aunque lo habría disfrutado más en otras circunstancias), y Caroline me presentó a una pandilla de teenagers idiotas que tenían un grupo de Hard Rock y se creían los reyes de la escena de Hollywood. Siempre he amado el Rock’n’Roll, pero en momentos como ese, cuando tienes que aguantar a cuatro subnormales de 18 años con rimmel en los ojos, esnifando coca en plena calle y creyéndose los nuevos Guns N’Roses, desearía dedicarme a coleccionar sellos o a estudiar sapitos en un monte. El que ejercía el papel de líder me explicó lo que era el Cat Club, como si él hubiese inventado ese lugar (!), y de ahí pasó a filosofar sobre la importancia de Louis Armstrong en el siglo XX. En fin, digamos que no hubo muy buena comunicación.

Caroline terminó emborrachándose y yo me quedé colgado en plena noche angelina, sin coche ni medio alguno para volver a la casa en la que me alojaba, en North Hollywood. Por fortuna, terminaría encontrando a otra amiga, que me rescataría con su coche.

Y después de ese lastimoso día con Caroline… ¡volví a quedar con ella! Y, no, no deseaba follarla, simplemente estaba fascinado con el personaje. Desde entonces puedo decir que soy un gran fan de su web, en la que habla de lo que le gusta y lo que no le gusta, ni más ni menos (y eso es excitante para mí!). También añade a menudo nuevas fotos de sí misma posando en las calles de Hollywood, como si fuese Cherie Currie en los 70’s, aunque la propia Cherie jamás se mostró tan arrogante en sus fotos clásicas (!). Caroline probablemente no haría un buen trabajo si tuviese que dirigir un país, pero nadie me podría negar que proporciona buen entretenimiento.

Lo interesante de alguien como Caroline no es sólo el personaje en sí, sino lo que representa. He conocido a tanta gente similar a ella en Los Angeles… Todos sabemos que esa ciudad está llena de personajes anónimos que sueñan con reinar algún día en el mundo del espectáculo, pero aunque conozcas ese dato, inevitablemente te sorprende comprobar que existen seres así, gente sin talento cuyo objetivo no es escribir grandes canciones o convertirse en buenos actores o actrices, sino tan sólo ver sus rostros ocupando las enormes vallas publicitarias de Sunset Strip.

Caroline es sólo una entre miles de aspirantes que dificilmente lograrán alcanzar el estrellato, pero se siente como una verdadera superestrella, y eso en cierto modo tiene su encanto. Además, qué carajo, ¡incluso empiezan a gustarme sus canciones!

 

24 de Marzo 2005

-

Fue una de las sorpresas más inesperadas de los 90. ¿Cómo podríamos haber imaginado que surgiría de la nada una obra de una belleza tan desgrarradora? La mayoría no sabíamos nada de su autor, tan sólo contábamos con un dato: su famoso apellido. Pero un parentesco familiar nunca garantiza nada (¿cuántos fans de Julian Lennon están leyendo ahora estas líneas?). En mi caso, la sorpresa fue aún mayor, porque había tenido oportunidad de ver al cantautor en cuestión semanas antes, y en lugar de presenciar su show preferí ir a comerme una hamburguesa (!).

Reading ’94. Nuestro hombre presentando en un escenario, situado bajo una pequeña carpa, un disco que nadie había escuchado todavía y que pronto marcaría una época… Si os digo que el nombre del artista era Jeff Buckley y que el disco se titulaba “Grace”, comprenderéis lo que me duele haber perdido semejante oportunidad. Tan sólo vi a Jeff a lo lejos durante un par de minutos, estaba convencido de que sería otro hijo de famoso sin nada que ofrecerle al mundo, y cuando finalmente cayó en mis manos una copia de “Grace”, no podía creerlo. Comenté el disco en el Popu en su momento y ya no recuerdo lo que dije, pero supongo que me encontraba en estado de shock.

Es curioso pensar en esa edición de Reading, porque lo cierto es que fue muy pobre: unos Chili Peppers en baja forma, Courtney Love montando su numerito de viuda negra del Rock… Todo muy aburrido. Reflexionando ahora sobre ese fin de semana, es evidente que Jeff Buckley fue lo mejor del cartel, pero nadie podría haber imaginado eso en su momento.

Si hablo ahora precisamente de “Grace” es porque tengo ese disco más presente que nunca. Es una obra tan intemporal, que inevitablemente vuelves a ella una y otra vez con el paso de los años, y siempre es una experiencia reconfortante. Puedes recrearte en tus recuerdos, y al mismo tiempo conseguir que ese disco sirva de banda sonora para el presente.

“Mojo Pin”, “Last Goodbye”, “Dream Brother”, la versión sobrenatural de “Hallelujah”, “Eternal Life”… son piezas que siempre te sirven de refugio cuando necesitas unos momentos de soledad, sin contaminación sonora ni humana de ningún tipo. No tengo la nueva versión de “Grace” que se editó recientemente, ni me importa gran cosa, me basta con el disco tal y como fue concebido en su día, sin ningún bonus extra. “Grace” es una obra perfecta y está bien así.

Años después de su muerte conocí a una amiga íntima de Jeff que me contó toda clase de historias sobre él, y a juzgar por sus palabras, Jeff daba la impresión de ser una persona muy especial con la que resultaba imposible no encariñarse. Esa amiga estaba viviendo en el apartamento de Jeff el día de su muerte, y podéis imaginar lo que sintió cuando recibió la terrible noticia por teléfono, miró a su alrededor y vio todas las cosas personales de Jeff.

Pero no pensemos en su trágico final, es preferible disfrutar su legado. Haced un hueco en vuestra agenda y escuchad, hoy mismo si es posible, esa maravillosa obra. Y quien jamás haya estado expuesto a la belleza de “Grace”, por dios, que se haga un favor a sí mismo y lo escuche de inmediato.

 

22 de Marzo 2005

-Tardé años en contactar con ella. Desde siempre había deseado entrevistar a Liz Renay, pero parecía una tarea imposible: no tenía página web, ni manager, ni nada. Tan sólo sabía que vivía en Las Vegas, eso era todo. Odiaba la idea de resignarme y no conocer a semejante personaje. Estamos hablando de uno de los mayores iconos underground de Las Vegas, una de las musas de John Waters, alguien que ha destacado como actriz, stripper, autora de libros legendarios como “My Face For The World To See” o “My First 2.000 Men”, pintora, etc. Su vida ha estado plagada de increíbles anécdotas: conexiones con la Mafia, escándalos públicos (imposible olvidar las famosas fotos de Liz corriendo desnuda por Hollywood Boulevard), condenas carcelarias, todo tipo de incidentes con sus siete maridos… La lista es larga.

Cuando estaba a punto de olvidar todo el asunto, le pregunté a Michael Weldon, editor de la revista Psychotronic Magazine, si conocía a alguien que pudiese facilitarme el teléfono personal de Liz. Y en cuestión de cinco minutos todo estaba solucionado. Resulta que uno de los redactores de Psychotronic, Dale Ashmun, que firma en cada número la sección “Spare Parts”, era amigo íntimo de la actriz, y no tuvo inconveniente en pasarme su teléfono.

Mi primera llamada a Liz Renay no la olvidaré jamás. Fue una semana antes de partir para L.A., donde había concertado varias entrevistas. Marqué su número de teléfono, y… bueno, aquello fue inenarrable: 1 hora de conversación, en la que Liz no paró de gritar y reir, mientras me describía su casa, su perro, sus cuadros (“Oh, te va a encantar, cariño, hay cuadros de mí desnuda por toda la casa! John Waters dijo que esto es como un burdel!”) y todo lo que pasó por su cabeza. No se trataba de una entrevista, era tan sólo una primera toma de contacto, y fue desbordante. Posteriormente, la visitaría en su casa varias veces a lo largo de los años. Siempre es bonito comprobar que Liz se mantiene en plena forma, rodando films, pintando cuadros, jugando en casinos, etc. La visité de nuevo el pasado mes de Mayo, y seguía sintiéndose excitada con la idea de conocer a los Cramps y grabar algo con ellos en el futuro. Ivy y Lux son grandes fans de Liz Renay, adoran sus libros y sus películas, y tienen fotos de ella en las paredes de su casa, pero sus caminos todavía no se han cruzado.

La última entrevista que hice con ella duró cinco horas (!). Tuvo lugar el pasado año, y la hice sólo por diversión, no para publicarla en ningún medio. Liz es tan interesante que me apetecía preguntarle doscientas cosas más. A continuación reproduciré uno de los fragmentos más cachondos de la charla: los consejos de Liz Renay para utilizar un arma.

 

Una vez comentaste en una entrevista que siempre duermes con una pistola cargada…

“Yo duermo con hombres apuestos, no con pistolas cargadas! (Risas) Duermo con una pistola muy cerca de mí, lo suficientemente cerca como para que pueda utilizarla cuando sea necesario. Si alguien entrase en mi casa a medianoche, lo sentiría mucho por él, porque no sólo tengo una pistola cargada, sino que además es una German Walther, que es la versión femenina de la German Luger. La misma policía me enseñó a disparar. Decidí tener una pistola porque los asesinatos de Manson tuvieron lugar muy cerca de mi casa y yo estaba aterrorizada. Quería prepararme por lo que pudiese suceder, y aprendí a disparar muy bien. ¿Quieres que te diga lo que debes hacer para disparar bien?”.

Sí, me gustaría.

“OK. Lo primero que te enseñan en clases de tiro es que apuntes siempre a la zona más grande del cuerpo, nunca a un brazo o una pierna, para asegurarte de que aciertas el disparo. Es importante apuntar al torso, justo al centro. Esa es una de las cosas importantes. Otra cosa es apuntar con el brazo perfectamente estirado, y no hacer un gran esfuerzo para apretar el gatillo, tan sólo presionarlo suavemente, asegurándote de que tu mano no se mueva al hacerlo. Si disparas de ese modo, tienes grandes posibilidades de darle al objetivo. Un día estaba conduciendo por el desierto, probé a ver si era capaz de acertar disparando a un poste eléctrico, y le di! Soy buena disparando, y como te decía, si entrase alguien en mi casa, lo lamentaría mucho pero tendría que dispararle. No puedes arriesgarte a que te torturen o te maten, has de estar preparada”.

¿Haces prácticas de tiro a menudo?

“Sí, cada cierto tiempo salgo con amigos a disparar. Es importante limpiar tu arma y asegurarte de que no te fallará si necesitas usarla. Con mi arma me siento más segura. Ya sabes que tengo a mi perro Sparky, pero es inofensivo y se hace amigo de todo el mundo; en una situación de violencia no me defendería”.

Ya lo sabéis, en el caso de que estéis considerando la posibilidad de comprar un arma, no olvidéis seguir los consejos de Liz Renay, y afinad el disparo.

 

21 de Marzo 2005

-Era la mejor librería que he visto, pero por supuesto algo así no podía durar. Me refiero a Koma/Amok Bookstore. Estaba situada en el mejor barrio de Los Angeles, Los Feliz, muy cerca del emblemático video-club Mondo Video A-Go-Go. Los vecinos del barrio no se sentían muy a gusto en compañía de esta encantadora pandilla de freaks, y continuamente se lo hacían saber, dejando amenazas anónimas en su puerta.

Ahora la tienda Koma/Amok ya no existe, y Mondo Video A-Go-Go se ha trasladado a otra zona de la ciudad. Una lástima, porque era fantástico acercarte a ese barrio, visitar ambos establecimientos, echar un vistazo también a la tienda Wacko (el Templo de la Serie B; librería, objetos tiki, juguetes, galería de arte, etc), que por fortuna sigue ahí, tal vez comprar algo de ropa retro en Ozzie Dots y terminar el día cenando en el restaurante Hollywood Hills.

Koma/Amok no era una librería demasiado grande, pero todo lo que tenían a la venta era material muy difícil de localizar. Libros de satanismo, psiquiatría, vudú, cultura Pop, Panteras Negras, pin-up’s, desviaciones sexuales, Arte, etc.

El dependiente de la tienda, Dan, era todo un personaje. Un encantador misfit que se divertía haciendo collages con fotos de cadáveres. En una ocasión me permitió acceder a su despacho, y me mostró excitadísimo sus tétricos collages y sus libros de basura sangrienta japonesa. Si tenemos en cuenta que el mismísimo John Wayne Gacy se encargó de hacer el logo oficial de Amok, es fácil comprender qué tipo de tienda, y editorial, era Koma/Amok.

Entre otros libros, Koma ha publicado obras como “Garbage People” (sobre los asesinatos de la Familia Manson), “Severed” (la trágica historia de la Black Dahlia) o “Laid Bare” (las memorias de John Gilmore). Mi libro favorito de Amok, sin embargo, es “Amok Fifth Dispatch”, la mejor guía de libros underground que existe; la verdadera Biblia para todo buen amante de lo extraño y lo oscuro.

Cuando Amok se vieron obligados a cerrar la tienda y seguir adelante sólo como editorial, le envié un e-mail a Dan, y me respondió que se sentía profundamente deprimido por lo sucedido. Desde entonces no he vuelto a comunicarme con él, pero me alegro de que por lo menos mantengan en funcionamiento la web de la editorial (www.amokbooks.com) y editen cosas de vez en cuando. Quien desee hacerse con “Amok Fifth Dispatch”, puede localizarlo en la citada web.

 

20 de Marzo 2005

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Fue uno de los fines de semana más surrealistas que he vivido. Supongo que habréis sentido esa sensación alguna vez, la sensación de que estás a punto de cometer una gran estupidez, y sin embargo sigues adelante con tu idea a pesar de todo. Bien, pues así empezó esta pequeña historia, con el presentimiento de que pronto me arrepentiría de la decisión que estaba a punto de tomar.

Un buen amigo, al que llamaremos Bix (ya no está entre nosotros, así que prefiero no utilizar su nombre real), llevaba alrededor de doce años tratando de convencerme para que visitase su isla del alma, pero a pesar de que le apreciaba enormemente, nunca me pareció buena idea conocer su vida cotidiana tan a fondo. Ya sabéis, a veces tienes amigos enloquecidos por los que sientes cariño, pero sin embargo debes mantener una cierta distancia, para salvaguardar tu propio espacio. Él solía visitarme en Barcelona cada cierto tiempo, y dependiendo de su estado mental, la visita en cuestión podía ser agradable o por el contrario podía acabar en desastre. La última vez que le vi en mi vida, destrozó tres coches alquilados. Uno de los autos lo hizo arder en la mismísima entrada del Hotel Arts de Barcelona, y cuando los responsables del hotel alertaron a la poli, Bix huyó por los pasillos del hotel, y llamó excitadísimo a mi madre para contarle que tenía a un ejército de polis tras sus pasos. La persecución duró unos minutos, hasta que finalmente entró en razón (por decir algo…), se entregó a los polis, y mientras éstos trataban de apagar el fuego del automóvil, él les tomó fotos, como si se tratase de una performance arty. El personal del hotel estaba tan aterrorizado, que habían alertado a una brigada antiterrorista (la tragedia del 11 de septiembre había tenido lugar meses atrás). Una oficial estaba al mando de esa brigada, y cuando trataron de cachearle, Bix bromeó advirtiéndoles que sólo dejaría que palpase su cuerpo la mujer policía, a quien obviamente no le hizo puta gracia la bromita.

En ese mismo viaje, tuvo una pelea en el Casino de Barcelona, y para culminar su lista de despropósitos, trató de simular que alguien había forzado la caja fuerte de la suite de su hotel para robarle varios millones de pesetas. La última vez que nos vimos, estaba tratando de convencerme para que le acompañase a una comisaría a denunciar el falso robo (!). Increíble.

Cuando pienso en este tipo de cosas, me siento algo triste, porque era realmente un amigo, alguien que habría hecho cualquier cosa por mí, pero su personalidad excesiva hacía que resultase muy difícil mantener una relación. Me entristece pensar en las ocasiones en que se presentó en mi puerta a las tres de la mañana, acompañado por una o dos putas, dispuesto a rockear, y simplemente le ignoré. Es duro pensar en ello ahora que ya no está en este mundo, pero ¿qué puedes hacer cuando un amigo pierde la cabeza por completo?

Por supuesto, no todos los recuerdos que tengo de él son tan demenciales. Pasamos buenos ratos juntos. Nunca olvidaré un día en que Bix, Lori Barbero, Bertha y yo decidimos ir al zoo de Barcelona, simplemente para hacer algo diferente. Lori dijo de Bix que era “más divertido que los monos”. Y tenía razón, podía ser un tipo muy entrañable cuando no entraba en una de sus fases psycho.

Bien, volviendo al viaje en cuestión, todavía no sé qué pasó por mi mente cuando finalmente, tras doce años de insistencia, decidí hacer caso a Bix y acepté su invitación. Una amiga extranjera (no era Lori) estaba en la ciudad, y me pareció una buena idea pasar un fin de semana en la casa de mi loquísimo amigo. Era algo que no tenía ningún sentido, pero simplemente decidí hacerlo. Aquél fue un día para el recuerdo, puedo decir que, sin lugar a dudas, me equivoqué en todas las decisiones que tomé, de la primera a la última. Antes de emprender viaje hacia la isla en cuestión, traté de animar a mi amiga, que sufría depresiones monumentales, y la llevé al parque de atracciones más deliciosamente rancio de la Tierra, nuestro querido Tibidabo, y justo allí, mientras esperábamos para subir a una estúpida atracción, rompió a llorar. En fin… La verdad es que a lo largo de mi vida he pasado más tiempo escuchando discos de AC/DC que analizando los síntomas de la depresión, y creí que una visita al parque de atracciones más cutre de Europa animaría a cualquiera, pero obviamente fue un error.

Horas después, mientras esperábamos nuestro vuelo en el aeropuerto, me encontré con un amigo, redactor del Popu, que en aquella época estaba tratando de gestionar una entrevista con Layne Staley para nosotros. Sólo faltaba una charla sobre las extrañas circunstancias que rodeaban la vida de Layne en esos momentos, para añadir buenas vibraciones a ese jodido día. Cada vez que hablaba con este amigo, me decía lo mismo: “Layne está jodido, tío, está muy jodido, en serio, está fatal, se pasa el día solo, no quiere ver a nadie”, pero sin embargo, en su opinión, la entrevista ya era un hecho: “Mi colega vive en el mismo edificio de Layne, en Seattle, y le ha hablado del Popu. Le ha dicho que el Popu es un fanzine, porque Layne no quiere saber nada de la prensa ‘corporate’ desde la última vez que le jodieron. Layne va a concedernos la entrevista, pero hay que darle tiempo, tío, Layne está jodido, es mejor no presionarle. Se pasa el día pintando, mi colega ha visto la copia original de la ilustración que usó para la portada de Mad Season”. Así pasamos meses, charlando de lo mal que estaba Layne, esperando a que se sintiese algo mejor y nos concediese unos minutos de su tiempo, y al final por supuesto no hubo entrevista.

Tras la animada charla sobre el estado físico y mental de Layne, llegó nuestro avión, y emprendimos el viaje.

Al llegar a la isla, dimos una vuelta por el aeropuerto y… ni rastro de Bix. Debía recogernos, pero yo sinceramente no contaba con ello. Imaginaba que no daría señales de vida y deberíamos buscar un hotel en el último minuto, lo cual sonaba muy mal, porque habíamos llegado en el último vuelo de la noche, y no conocíamos el lugar. Por fin, tras media hora de espera, Bix llegó derrapando. Saltó del coche y me colocó una cámara de video en la cara. Mal comienzo. Odio con toda mi alma las cámaras de video. A él le gustaba agobiar a todas horas con el maldito aparato, y eso era un problema. Mi reacción fue tapar el objetivo, pero estaba tan cansado que sin querer le di un golpe en la cara con la cámara. Bix gritó: “Cabrón!!!”, pero enseguida sonrió y guardó el odioso artefacto.

Sentía mucha curiosidad por conocer la casa de mi colega. Estaba situada justo frente al mar, e incluso tenía una pequeña parcela de playa privada.

Al llegar a la casa, Bix nos presentó a Oswaldo, el perro más aterrorizado que he visto en mi vida. Pobre tipo, qué existencia más jodida: atado en un garaje día y noche, contemplando los desvaríos de su amo.

Bix nos mostró los pequeños fetiches que adornaban su hogar: trofeos ganados en rallys de motos y coches, todo tipo de instrumentos musicales, etc. Y seguidamente decidió ofrecernos un pequeño sampling de la vida nocturna isleña. Todo el mundo allí le conocía y le trataban como a un capo de la Mafia, en algunos momentos me sentí como si estuviese reviviendo alguna escena de “Goodfellas”. Entrábamos en los clubs más exclusivos por la puerta de la cocina, y Bix repartía abrazos a todo cristo.

Nos llevó a cenar a un restaurante ultra-posh y me sentí bastante fuera de lugar cuando Massiel hizo su entrada triunfal en el local (!!!). Casi nada… Aquél fue uno de esos momentos en los que lamenté no haberme quedado en casa viendo capítulos de Ultraman. A veces uno no se siente nada seguro cuando sale de su mundito muy, muy pequeñito pero acogedor. 

Tras ese fantástico episodio folclórico, regresamos a la casa de Bix. Realmente necesitábamos unas horas de sueño. El día había llegado a su fin, o por lo menos eso creímos. No habíamos tenido en cuenta el detalle de que en casa de Bix no había lugar para el descanso. Dos horas después, cuando estábamos profundamente dormidos, oí unas voces en el salón. Era Bix… negociando con una puta! No podía creerlo, ¿realmente sería capaz de follar a una puta justo la noche que nos había invitado a quedarnos en su casa? Bueno, resignación. Volví a la cama, me dormí de nuevo, y unos gritos me despertaron al cabo de una hora. Bix estaba cantando a pleno pulmón con su guitarra, en el piso de arriba. Fantástico.

Cuando nos despertamos a la mañana siguiente, no había ni rastro de Bix. Tras una noche de putas, drogas y folk psicótico, incluso Bix necesitaría un descanso. Entramos en la cocina y descubrimos que nos había dejado un regalo: un enorme pastel de chocolate en forma de pene.

Bien, estábamos en una isla, teníamos una pequeña parcela de playa privada y el sol abrasaba, así que mientras Bix nos daba un respiro podíamos sentirnos como rockstars. Nos bañamos, y al cabo de veinte minutos Bix asomó su cabeza desde la ventana de su dormitorio. OK, el trip surrealista empezaba de nuevo. Llevaba una peluca afro al estilo Bar-Keys y estaba preparado para rockear duro. Corrió hasta la playa desnudo, se lanzó al agua con la ridícula peluca y anunció que era hora de ir a comer una paella. Nos acompañaría la puta que conoció la noche anterior, una tipa de color que parecía sentirse más descolocada aún que nosotros (a lo largo del fin de semana, pudimos ver a Bix con cuatro putas más!).

Bix había sido piloto de coches, de modo que cada trayecto con él era una exhibición automovilística. En el camino hacia el restaurante creyó conveniente subir un montículo y deleitarnos con algunas maniobras.

La comida tampoco fue tranquila, aunque en este caso mi amiga contribuyó a acentuar un poco el caos, y se produjo una pequeña lucha de cuchillos: ambos en medio del local peleando como si fuesen dos espadachines en una peli de Errol Flynn.

Lo que pasó ese día lo recuerdo como una sucesión de extraños flashbacks desordenados. Mi amiga trató de quemar la alambrada de paja que rodeaba la casa, a media tarde, tan sólo porque estaba harta de aguantar a Bix, mientras que él escuchaba techno a un volumen atronador con un DJ que debía tener cincuenta años y que se había presentado antes en la comida cargado de coca. Definitivamente no estaba en mi ambiente!

Cuando cayó la noche, Bix nos llevó a cenar a un resturante, y al entrar en el lugar, se sacó el cinturón e intentó ahorcarse, atándolo a una viga, just for fun! El numerito le salió mal: el cinturón cedió, y Bix se cayó de culo contra el suelo. Dios, aquello empezaba a salirse de madre. Continuamente filmaba todo con su maldita cámara de video. Irritante.

En el trayecto de vuelta a casa, Bix decidió adelantar a tres coches, mientras otro auto venía justo en dirección contraria. Fueron momentos bastante tensos. Uno de los coches a los que Bix trataba de adelantar, no se dio cuenta que tenía a un loco detrás, también trató de hacer una maniobra de adelantamiento y estuvimos a un paso de chocar, pero por fortuna vio el coche de Bix a tiempo y volvió a su carril. Ese incidente ralentizó el proceso, y de pronto Bix debía adelantar a dos coches más, cuando ya casi teníamos encima el coche que venía de frente. Todavía no sé cómo lo hizo, pero salvamos el pellejo por puro milagro.

Una vez de vuelta en la casa, mi amiga estaba en pleno ataque de nervios y simplemente quería volver a Barcelona, pero estábamos atrapados en la dichosa isla. Lo sucedido en la carretera no alteró el estado de ánimo de Bix en lo más mínimo, y al cabo de unos minutos nos propuso salir de nuevo para pasar el resto de la noche escuchando techno en una mierdosa macro-discoteca. No hubo trato, y Bix decidió ir solo.

Es curioso lo lento que transcurre el tiempo cuando estás atrapado en una situación agobiante. Sentíamos que jamás saldríamos de esa isla. El día siguiente fue otra locura. Bix llegó a las diez o las once de la mañana, tras pasar toda la noche castigando su cuerpo a ritmo de techno, y anunció que debía correr en un rally antes de comer (!). Tenía un par de horas libres, y las empleó en confundir aún más a mi amiga. De pronto se fue a un rincón de la casa para plasmar sus pensamientos en su grabadora; mi amiga le escuchó pronunciando su nombre y me preguntó qué coño estaba sucediendo ahí. Excelente pregunta, que yo desde luego no podía responder! Sin que me diese tiempo a reaccionar, mi amiga empezó a gritarme, estaba convencida de que todo era un complot contra ella. Fabuloso, es en ese tipo de situaciones cuando uno se da cuenta de lo normal que es, ¡y lo cierto es que yo no soy normal en absoluto!, pero comparado con esos dos, me sentía como la persona más equilibrada de la tierra.

Le pedí a Bix que dejase de utilizar el nombre de mi amiga en la grabación que estaba haciendo, y por supesto no me hizo caso, así que ella se encerró en una habitación. El día antes, mi amiga me había comentado que su trastorno bipolar no combinaba bien con el respectivo trastorno bipolar de Bix.

En fin, pulsemos “fast forward”, y plantémonos a última hora de la tarde.

Cuando mi amiga y yo habíamos logrado reconciliarnos, reapareció Bix después de participar en su rally, y anunció que veríamos las irritantes grabaciones en video que había estado haciendo durante todo el fin de semana. Bix conectó el video, sacó una pistola y la colocó sobre la mesa del salón. Por qué decidió sacar una pistola justo en ese momento es algo que nunca sabré, pero fue un detalle que no ayudó a que mi amiga se sintiese mejor.

Vimos su cochambrosa filmación y Bix le pidió el pasaporte a mi amiga. En teoría iba a llamar al aeropuerto para confirmar que los billetes estaban reservados, pero antes de que pudiésemos darnos cuenta, ¡Bix había desaparecido! Cuando mi amiga se dio cuenta de que nuestro anfitrión simplemente se había ido, tuvo otro ataque de nervios. Nuestro avión salía una hora y pico más tarde, y ella acababa de entregarle su pasaporte a un demente.

Buscamos por toda la casa y nada, ni rastro de Bix, hasta que reapareció conduciendo su coche, y trató de atropellar a mi amiga, sólo porque le pareció algo divertido! Ella salió corriendo y empezó a gritar: “Fuck this shit, I’m sick of games, it’s over, I’m outta here, fuck this bullshit!!!!”, y tomó la decisión de ir al aeropuerto caminando (!). Por fortuna logré convencerla para que se subiese al coche de Bix, y así acabó nuestro relajado fin de semana en una isla paradisíaca.

Dos horas después estábamos de vuelta en Barcelona. Era la noche de San Juan y la ciudad estaba en llamas, pero ni siquiera prestamos atención a los fuegos y los petardos. Después de pasar dos días en compañía de Bix, nada podría habernos impresionado.

 

16 de Marzo 2005

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Finalmente ha tenido que suceder. Si rastreais un poco en Internet, daréis con la dichosa foto. Bettie Page en pleno 2005, en la fiesta del 50 aniversario de Playboy, posando con Anna Nicole Smith y Pamela Anderson. La imagen en cuestión, que por nada del mundo reproduciría en esta web, corresponde a la segunda aparición de Bettie desde que se apartó de la vida pública hace varias décadas.

Y no, no tiene mal aspecto en absoluto. De hecho se conserva muy bien, pero ¿realmente era necesario que, tras pasar todos estos años al margen de los medios, terminase saliendo de su encierro? Todos habríamos deseado quedarnos con la imagen de sus años de gloria, pero así es el mundo hoy en día, no hay espacio para el misterio, todo acaba siendo triturado y servido para consumo masivo.

La historia de Bettie Page siempre me fascinó. Era tan atractivo en los 80’s averiguar datos de su pasado… Bettie se encontraba en paradero desconocido desde finales de los 50’s, y corrían todo tipo de rumores sobre ella. Unos decían que había muerto, otros se empeñaban en afirmar que formaba parte de una extraña comuna religiosa, pero lo cierto es que nadie era capaz de aportar datos fiables. Lo único que sabíamos con seguridad era que la adorable Bettie estaba de vuelta en el mundo de los vivos gracias al cómic de Dave Stevens “The Rocketeer”, publicado en 1981.

Es chocante visitar una librería ahora y tropezarte con tantísimos libros dedicados a la mítica pin-up. Yo recuerdo un tiempo en que no existía practicamente nada de información sobre ella. El primer libro de Bettie Page que encontré en mi vida fue en 1989. Se titulaba “Cult Model 1950’s”, y todavía lo conservo. Lo publicó la editorial Glittering Images, y en su contraportada se leía una divertida inscripción: “For sophisticated collectors of the unusual”.

Delicioso libro. Una recopilación de fotos de Bettie absolutamente maravillosa. De ese bellísimo libro se publicarían dos volúmenes más, con toneladas de material inédito.

Creo recordar que un año antes de que se pusiese a la venta el primero de los tres libros, uno de los mayores fans de Bettie, Greg Theakston, empezó a publicar su entrañable revista dedicada a Bettie, The Betty Pages. Qué tiempos… No existía Internet, nadie conocía ningún dato actual de la pin-up, todo era magia y misterio.

Y bien, en los 90’s se desveló por fin el gran enigma. Bettie estaba bien, pero prefería permanecer en el anonimato. Concedió alguna entrevista, pero se negó a ser fotografiada. En un principio nos sentimos aliviados, hasta que por supuesto alguien tuvo que estropearlo todo. Su nombre: Richard Foster. Su mortífero artefacto: “The Real Bettie Page-The Truth About The Queen of the Pinups”; un carroñero libro en el que el tal Foster ponía al descubierto toda clase de miserias que sólo le incumbían a la propia Bettie. La portada del libro dejaba muy claras las intenciones de Foster: este individuo tuvo la mala leche de incluir imágenes de Bettie arrestada en los 70’s, con un aspecto muy desmejorado.

En fin, fue algo triste e innecesario, pero así es esta vida, siempre hay puercos dispuestos a ensuciar algo bello. De todos modos, quienes nos limitamos a ignorar ese libro, conseguimos que nada nos estropease la imagen que teníamos de Bettie.

Años después tuve oportunidad de entrevistar a otra legendaria pin-up, Bunny Yeager, que además había tomado algunas de las fotos más emblemáticas de Bettie en los años 50, y recuerdo lo excitado que me sentía ante la posibilidad de que Bunny me revelase datos sobre el paradero actual de su vieja amiga. Sin embargo, ¡ni siquiera la propia Bunny sabía con exactitud dónde residía Bettie ni tenía contacto con ella!

En fin, ya no existe tal misterio. Bettie Page acude a fiestas como cualquier otra celebridad, atiende a la prensa y se fotografía con cabezas huecas como Anna Nicole y Pamela. Pero, de todos modos, es admirable que haya resistido las tentaciones de la fama durante tantísimo tiempo.

 

13 de Marzo 2005

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Hay algo en el hecho de viajar sin dinero y colocarte en estúpidas situaciones de riesgo que tiene un encanto especial. No es lo más deseable, pero desde luego te permite hurgar en las entrañas de una gran ciudad.

Seven Star Motel es el nombre del lugar que fue mi casa durante varios viajes a L.A. Situado en LaBrea con Hollywood Boulevard, la verdad es que el motel en cuestión no hacía honor a su nombre, pero conservo grandes recuerdos de ese infecto agujero.

El emplazamiento no podía ser más apropiado para alguien como yo, perdido sin coche en una ciudad como L.A. Cinco minutos a pie es lo que tardabas en llegar del motel al mismísimo Teatro Chino de Hollywood. Tan sólo cinco minutos y podías hacerte con un pedazo de pizza en pleno Hollywood Boulevard. Si estabas dispuesto a arriesgar el cuello a la 1 de la madrugada por un miserable pedazo de pizza, era cosa tuya, pero como mínimo existía esa posibilidad, y eso en un lugar como L.A., donde el coche lo es todo, era reconfortante.

Mis primeras visitas a Seven Star Motel fueron engañosas. Viajaba con colegas y daba la impresión de ser un lugar medianamente aceptable: piscina, mujeres en bikini tomando el sol… en fin, todo muy cool, muy californiano. Sin embargo, cuando finalmente me alojé allí solo, recibí una buena sobredosis de realidad.

Homeless muy poco amigables durmiendo en la puerta del motel, gangstas negros alojados en las habitaciones de al lado, peleas a media noche… Recuerdo un día en que regresaba de cenar con una amiga, y me encontré con una escenita típica de Seven Star Motel: varios coches de poli, una ambulancia y alguien en una camilla con heridas de arma blanca en su torso. Bienvenidos al motel más acogedor de Tinseltown!

No hay nada extraordinario en una historia así, es tan sólo el día a día de Seven Star Motel, y lo podéis experimentar vosotros mismos si sois tan estúpidos como para alquilar una habitación allí, pero todos tenemos nuestro lado masoquista y la verdad es que recuerdo mis temporadas en ese motel con cariño. Al fin y al cabo, si estás en Los Angeles y sabes que sólo has de cuzar la calle para comprar una botella de Nightrain, no pierdes el tiempo pensando en tu seguridad. En mi caso, además de los alicientes obvios que te brinda un lugar como Hollywood, me divertía citarme allí con la gente a la que iba a entrevistar. Personajes como Mary Woronov o The Cramps fueron a recogerme a ese encantador tugurio, lo cual tuvo su gracia.

Siempre que me citaba con alguien allí, me preguntaban asombrados cómo era posible que hubiese elegido semejante estercolero para pasar diez o quince días en L.A., y yo salía en defensa del encantador motel como si me fuese la vida en ello, argumentando que tenía de todo: putas en la piscina, porno cerdo en TV, antros de Cienciología a dos calles… ¡jamás habría encontrado tanto entretenimiento en el Beverly Hills Hotel! Y es cierto, ¿en qué otro sitio podías seguir una persecución policial por TV y ver tu propio motel en la pantalla, mientras el helicóptero de turno filmaba al auto del villano perseguido por dos coches policiales? Son escenas habituales de Seven Star Motel y sus alrededores.

Uno de mis rituales en mi primera estancia allí, era salir a pasear por Hollywood Boulevard de noche, mientras escuchaba “Appetite For Destruction” en mi walkman. Es algo que no recomendaría a nadie, más que nada por la chusma que siempre te encuentras en esa calle cuando cae la noche, pero tenía su encanto hacer sonar “Outta Get Me” e “It’s So Easy” en Hollywood Boulevard a esas horas, sin turistas ni impersonators de Marilyn y Chaplin a tu alrededor. Siempre trataba de tener un plan para la noche: una entrevista con alguien, una cita con amigos, más que nada porque no resultaba muy apetecible terminar el día solo en un motel tan lúgubre como ese. Sin embargo, si me fallaban todos los contactos, ahí estaba mi copia de “Appetite” para consolarme.

Hace años que no piso Seven Star Motel, y la verdad es que no lo echo de menos, pero debo admitir que le debo mucho a ese lugar. No es fácil hacerte con un círculo de amigos en una ciudad tan hostil como L.A., y en mis primeras visitas solo a esa ciudad, ese fue mi hogar. Con el paso del tiempo, la hospitalidad angelina de un puñado de gente verdaderamente especial me permitiría gozar de una mayor “calidad de vida” en mis visitas a L.A., pero si no hubiese sido por ese acogedor “hellhole”, todo habría sido muy diferente para mí.

 

9 de Marzo 2005

 

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Recientemente un lector me obsequió con un bello fetiche: el nº1 de la serie de cómics “El Planeta de los Monos”, basada obviamente en la saga cinematográfica de “El Planeta de los Simios”, y ha sido extraño hojearlo de nuevo después de tantos años (en su día devoré esa colección como si me fuese la vida en ello). Esa portada, con el simio enfurecido alzando un arma, y el legendario subtítulo que rezaba “Donde el hombre fue amo supremo… ahora mandan las bestias!”, me obsesionó en la época. Corría el año 1979, y sólo me importaban dos cosas en este mundo: “Star Wars” y “Planet Of The Apes”. Aún conservo la colección completa de cómics, y un simio de juguete que rebosaba carisma.

Durante años, “Planet Of The Apes” fue mi película fetiche. De hecho, la secuencia cinematográfica que más me ha impactado en mi vida fue aquella en la que se veía a los simios por primera vez en pantalla cazando a humanos, con una inolvidable música de fondo que aún resuena en mi cerebro. Esa secuencia fue un shock en la época.

Aquella primera película de la saga estaba llena de momentos que a todos nos dejaron sin habla. ¿Recordáis cuando la nave cae al mar y descubren el cadáver de la compañera astronauta Stewart? Imposible imaginar un inicio más impactante.

Lo que encuentran después Taylor, Dodge y Landon en ese planeta que nos resulta extrañamente familiar, trastornó nuestros impresionables cerebros para siempre.

Nunca olvidaré la primera vez que vi la película. Fue en una tele en blanco y negro, tan cutre que perdía la señal de emisión a ratos, lo cual resultaba torturante en un caso así. No tenía mucha importancia quedarte sin imagen si quien salía en pantalla era Kiko Ledgard, pero maldita sea, eso era impensable si se trataba del mismísimo Charlton Heston huyendo hacia La Zona Prohibida! La única manera de solucionar el problema era golpear el aparato cada vez que desaparecía la imagen, y así viví mi primera experiencia con los dichosos simios, golpeando una tele en estado terminal mientras rezaba para que no se jodiese todo antes de que la peli llegase a su fin.

Con el paso del tiempo, he conocido a mucha gente que ha crecido marcada por la experiencia simia. Uno de los últimos tipos con los que hablé de ello fue Rick Slave de Rock City Morgue, que luce en uno de sus brazos uno de los mejores tatuajes que he visto de un simio guerrero. Cuando surgió el tema, ambos nos excitamos recordando la saga, y fue graciosa la reacción de Sean Yseult. Ella, a pesar de ser una fanática del cine fantástico, no siente nada especial por “El Planeta de los Simios”, y según su teoría, se trata de “una cosa de chicos”. Quizá tenga razón. Lo que está claro es que, quienes crecimos obsesionados con ello, siempre tendremos presentes a Zaius, Ursus, Taylor, el Gran Legislador y compañía.

Mucha gente piensa que la única película destacable de la saga es la primera, pero qué queréis que os diga, cuando se trata de simios no puedo ser objetivo, incluso me sigue pareciendo excitante el quinto film, “Battle for the Planet of The Apes”, cuando la fórmula estaba más que agotada y Roddy McDowall no aguantaba las protesis de mono ni un minuto más. También tiene un enorme encanto la serie de TV, que ahora se encuentra a la venta al completo en DVD.

Rindamos tributo una vez más a “Planet of the Apes” rememorando una estrofa del tema de los Simpsons “Dr. Zaius”:

“He was a scientist, he ruled with great might/And he’d torture the humans with great delight/And then Charlton Heston came and made new ground/And got the humans to shout:

Down with Dr. Zaius!”

 

6 de Marzo 2005

 

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Lo recuerdo como uno de los días más especiales de mi vida. Me encontraba en L.A. con mi amigo Oriol Sibila y la verdad es que nos sentíamos como si estuviésemos en la cima del mundo. Sabíamos que esa sensación sólo duraría unos pocos días, pero qué diablos, era grande tener la oportunidad de vivir aquello! En poco más de una semana conoceríamos a Forrest Ackerman, Mamie Van Doren, Cherie Currie, Texas Terri, Kitten Natividad, David Roach, e incluso veríamos de nuevo a Donita Sparks, que recientemente había girado por España con sus L7. Aunque en el top de mi lista figuraba Raven De La Croix, a quien recordaréis sobre todo por haber protagonizado la película “Megavixens Up!” de Russ Meyer.

Antes de nuestra llegada a Los Angeles, me había comunicado varias veces con Raven por e-mail, y desde el primer momento hizo que me sintiese como si nos conociésemos desde hace años. Daba la impresión de ser una amiga, a pesar de que jamás nos habíamos visto en persona. En todos los libros sobre Russ Meyer, se decía que Raven tenía un coeficiente intelectual extraordinariamente alto, y quienes habían tenido oportunidad de tratarla, hablaban maravillas de ella, por lo tanto sabía que iba a conocer a una persona verdaderamente única.

Finalmente, Oriol y yo llegamos a casa de Raven, situada en North Hollywood, con la excitación propia de un encuentro de ese calibre. Y debo decir que lo que encontramos superó cualquier expectativa. Teoricamente estábamos allí para hacer una entrevista con ella sobre su carrera cinematográfica, pero pasamos alrededor de siete horas juntos y en ningún momento se me pasó por la cabeza sacar la grabadora y empezar a hacer preguntas sobre Russ Meyer.

Raven, la persona, es mucho más interesante que Raven, la estrella del Universo Meyer. Pronto nos dimos cuenta de que su trayectoria como heroína de cine de culto era tan sólo una de sus muchas facetas fascinantes.

Nos presentó a su marido Mikee, y bien, ahí empezó una de las amistades más sólidas y bonitas de mi vida. Raven deseaba mostrarnos el que consideraba uno de los centros de energía de L.A., situado en un precioso parque cerca de su casa, donde precisamente se habían conocido Raven y Mikee, y hasta allí nos desplazamos, mientras sonaba la música de Led Zeppelin en el coche y Raven movía su cabeza al ritmo de los riffs de Jimmy Page y los aullidos de Robert Plant.

Ni que decir tiene que Oriol y yo simplemente nos dejamos llevar. Antes de que tuviésemos oportunidad de darnos cuenta, había caído la noche, y nos encontrábamos de vuelta en casa de Raven y Mikee, contemplando fotos, charlando y bebiendo vino. Al día siguiente debíamos entrevistar a Mamie Van Doren, así que a las doce o la una nos despedimos, y fijamos otra cita días después, para hacer la entrevista con Raven.

Han pasado cinco años desde entonces, y en todo este tiempo he tenido oportunidad de visitar a Raven muchas veces y compartir vivencias interesantes con ella, como el día en que me acompañó a entrevistar a la mismísima Elvira o como la curiosa e inesperada visita de los Cramps a su casa.

El encuentro de Raven con Poison Ivy y Lux Interior fue verdaderamente curioso. Había entrevistado a los Cramps días antes y, conociendo su pasión por todo lo relacionado con Russ Meyer y sobre todo el interés de Ivy por temas paranormales, estaba convencido de que conectarían mucho con Raven si llegaban a conocerse, de modo que les propuse visitarla al cabo de un par de días en su casa. La idea pareció gustarles, pero sinceramente no tenía ninguna esperanza de que el encuentro llegase a producirse.

Inicialmente Ivy me aseguró que se lo pensarían, pero no prometió nada. Sin embargo, la mañana del día previsto, Ivy me llamó y me dijo que tratarían de acercarse a casa de Raven. Y efectivamente el milagro se produjo. Me encontraba en la cocina de Raven, charlando mientras ella preparaba spaghetti, y la pareja más cool de la historia del Rock se materializó ante nuestros ojos. Raven jamás había escuchado a los Cramps, y Ivy le dio los últimos tres discos de la banda, mientras comentaba: “Él me ha dicho que te gusta Korla Pandit, pero no sé qué te parecerá nuestra música, quizá no te guste!”, a lo que Raven respondió: “No os preocupéis, yo escucho todo tipo de cosas”. Y mientras Raven le mostraba unos cuadros a Ivy, yo le enseñé a Lux un ejemplar de la fabulosa revista Glamour Girls: Then and Now, en donde habían publicado un reportaje de 30 páginas (sí, ¡30!) dedicado a Raven.

Una característica curiosa de los Cramps que a mí me parece adorable es su timidez. Eran conscientes de quién tenían delante, y escuchaban a Raven con respeto y atención. Ella debía acudir esa misma tarde a una cárcel, a dar consejo a un preso que había sido condenado a cadena perpetua, y les explicó el caso. Ni tan siquiera conocía al tipo en cuestión, pero un amigo le pidió que le hiciera ese favor, porque sabía que el consejo de Raven sería de gran ayuda para el pobre hombre, y ella aceptó.

Tras un buen rato de charla, les ofreció que se quedasen a comer pasta, pero Ivy y Lux deseaban comprar pelucas en una tienda cercana y se despidieron. Posteriormente, Ivy me comentaría que Raven le había parecido un alma gemela, pero jamás volvieron a verse, lo cual no debe sorprender a nadie. A los Cramps les gusta permanecer en su propio mundo, y puedo entender eso perfectamente. Al fin y al cabo, si fuesen de otra forma no serían los Cramps.

Cada vez que pienso en ese encuentro entre Raven y los Cramps, me divierte recordar los rostros de asombro de Ivy y Lux mientras escuchaban a Raven. Es evidente que los Cramps han conocido a mucha gente interesante en todos estos años, pero apuesto a que no olvidarán facilmente ese encuentro.

Lo habitual en el mundillo del espectáculo es encontrarte a personajes que tan sólo tienen una faceta interesante, y desde luego Raven De La Croix (hoy en día, Raven De Lumiere) no podría estar más lejos de eso. Ella es la mujer de las mil caras, tan pronto puede pasar una hora en el dormitorio de Elizabeth Taylor pintándole un tobillo, como asistir a un enfermo terminal en algún hospital, entretener a un grupo de niños en una fiesta de Pamela Anderson, embarcarse en expediciones espirituales a Sedona o casar al cantante de Men At Work. Y en cualquiera de sus actividades está involucrado siempre su marido Mikee, que es algo así como mi hermano americano.

Quien esté interesado en seguir de cerca todo lo que hace Raven, puede consultar su web:

www.rantingsofamadwoman.com

3 de Marzo 2005

-Nace una nueva sección en nuestra pequeña web. Cada semana os comentaré lo que cruce por mi cabeza, pequeñas cosas que por el motivo que sea no tienen cabida en el Popu y que me apetece compartir con quien se deje caer por aquí. No seguiré la disciplina que requiere un diario, pero aquí me tendréis de vez en cuando dispuesto a contaros cualquier estupidez.

Las cartas, que podéis seguir enviando a la dirección correopopular1@hotmail.com las contestaré, como de costumbre, en las secciones Correo y Apéndice del Popu.

Y qué mejor manera de empezar que hablando del nuevo número de la revista. El Popu de marzo probablemente tocará la fibra sensible de muchos lectores. El artículo central de la revista está dedicado nada menos que a Layne Staley. Hace años que perdimos a Layne y ya nadie parece acordarse de él en los medios. No hay ningún producto nuevo que promocionar de Alice In Chains, así que para la prensa se trata de una banda que simplemente quedó atrás. Por otra parte, a diferencia de lo que sucedió con Cobain, Layne Staley no se ha convertido en un icono masivo, y tres años después de su muerte muy poca gente parece tenerle en cuenta, lo cual no deja de asombrarme, porque al fin y al cabo fue uno de los artistas más relevantes de su generación. Pero, en fin, así son las cosas, y lo único que importa ahora es que Layne Staley reina en la portada del Popu. Alberto Díaz ha entrevistado a la madre de Layne, Nancy, y ella incluso nos ha cedido un par de fotos familiares que jamás habían visto la luz anteriormente. La portada es una de mis favoritas de la historia de la revista: una bella foto en blanco y negro de Layne, que nos ha cedido la fotógrafa Karen Moskowitz.

Por lo demás, en este número podéis encontrar entrevistas con Neal Casal, Sid Griffin, Steven Adler, Judas Priest, The Paybacks, Rock City Morgue, Jason Ringenberg, The Brought Low, Urge Overkill y Lordi, entre otros.

La entrevista con Sid Griffin que ha hecho J.L. Fernández es un regalo para cualquier fan de este hombre. Seis páginas sobre la carrera del carismático líder de Long Ryders. Ignoro cuántos seguidores de los Ryders quedan por ahí fuera, pero lo cierto es que esa banda nos alegró la vida en los 80xs. Ellos fueron, junto a Jason & The Scorchers y Green On Red, el mejor grupo del movimiento que alguien denominó Nuevo Rock Americano.

J.L. también ha entrevistado a The Brought Low, una fabulosa banda cuyos miembros se han formado musicalmente escuchando a Grand Funk, Alice Cooper, Stones, etc. Deberáis escuchar su disco, es jodidamente bueno.

También es muy interesante la entrevista de Mickey Ribera con Neal Casal, incluso para quienes no hayan seguido la carrera de este tipo. Es una entrevista sincera y muy jugosa. A lo largo de seis páginas, Casal habla de toda su carrera, incluyendo su lejano período como miembro de Blackfoot.

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