El último disco que Camarón grabó, ya perjudicado por la enfermedad. Aunque quién lo diría. En “Potro de rabia y miel” está pletórico. Paco de Lucía debió sufrir bastante durante la grabación, la cual produjo a parte de tocar la guitarra. Había que grabar cuando era posible, tener paciencia con el cantaor. Y mereció la pena. “Potro de rabia y miel” es un disco hermoso en el que Camarón destila poderío. No es su mejor álbum, algunos arreglos no son muy atemporales que digamos, pero no importa. Porque es un disco muy especial. Porque es miel y rabia.
Las guitarras de de Lucía y Tomatito crepitan junto a la voz del capo, de las cuerdas saltan chispas y de la garganta Camarón lava. Un volcán musical, su fraseo es en ocasiones tan dinámico que cuesta creer que se encontrara próximo a la muerte. Su forma de lanzar las palabras, de retorcerlas y ordenarlas, es lo que se llama arte.
Al igual que me ocurre con Kraftwerk y Howlin’ Wolf, me gusta mucho escuchar a Camarón con las primeras sombras y luces del día.








